Inteligencia artificial
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Inteligencia artificial
La inteligencia artificial que sirve es la que se puede medir
La mayoría de los proyectos de IA que fracasan no fracasan por la tecnología: fracasan porque nadie definió antes qué problema resolvían. Nosotros empezamos al revés. Primero medimos cuántas horas al mes se van en tareas que una persona hace mecánicamente —teclear facturas, cruzar dos hojas de cálculo, contestar el mismo correo— y ponemos número a lo que cuestan. Después miramos cuáles de esas horas se pueden automatizar con garantías. Si no salen las cuentas, te lo decimos y no hay proyecto.
Por dónde suele empezar
- 1 Documentos que entran y hay que teclear: facturas de proveedor, albaranes, pedidos
- 2 Preguntas internas que se repiten: convenios, procedimientos, condiciones de cliente
- 3 Datos que ya tienes pero nadie mira: ventas, consumos, plazos de entrega
Son los tres frentes donde una empresa mediana recupera la inversión en meses, no en años, porque el ahorro es contable desde el primer día y el riesgo de equivocarse es bajo: si el sistema falla, se sigue haciendo a mano mientras se corrige.
Tus datos siguen siendo tuyos
Esta es la parte que casi nadie explica y la que más nos preguntan en la primera reunión. Antes de conectar nada, definimos por escrito qué información puede salir de la empresa, cuál no sale bajo ningún concepto y dónde se procesa cada cosa. Hay tareas que se resuelven con un modelo funcionando dentro de vuestra propia infraestructura, y otras que requieren un servicio externo: en ese caso comprobamos qué hace el proveedor con lo que le mandas, si lo usa para entrenar y en qué país lo guarda, y lo dejamos escrito en el contrato. Una automatización que te ahorra diez horas al mes pero filtra el listado de clientes a un tercero no es un ahorro, es un incidente esperando fecha.
¿Esto no es sólo para empresas grandes?Al contrario: cuanto más pequeña es la plantilla, más pesa cada hora que se va en tareas mecánicas. Una empresa de quince personas en la que administración dedica dos días al mes a teclear facturas tiene el mismo problema que una de quinientas, sólo que sin nadie a quien delegarlo. Lo que no encaja en una empresa pequeña son los proyectos de doce meses; por eso trabajamos en piezas cortas que se ponen en producción y se miden.
Mi equipo ya usa herramientas de IA por su cuentaEs lo habitual, y suele ser el motivo real por el que nos llaman. Alguien ha pegado un contrato o un listado de clientes en una herramienta gratuita para que se lo resuma, sin mala intención y sin saber dónde acaba eso. La solución no es prohibirlo, porque no funciona: es dar una herramienta aprobada, escribir una política de uso en dos folios que la gente entienda, y formar al equipo. Sale más barato que el incidente.
¿Y si al final no funciona?Se para. Cada pieza que ponemos en marcha lleva desde el principio una medida acordada contigo —horas ahorradas, errores evitados, tiempo de respuesta— y una fecha para revisarla. Si al llegar esa fecha el número no está, no ampliamos: se retira y se vuelve al procedimiento anterior, que nunca se desmonta hasta que lo nuevo demuestra que aguanta.
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La primera visita y el informe no cuestan nada.
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